31 de agosto de 2026
La herramienta fue creada en marzo mediante la Comunicación “A” 8406 y el propio BCRA fijó el 31 de agosto como la fecha límite para que el sistema estuviera operativo. Su llegada no es casual: el último Informe sobre Bancos del organismo mostró que la mora de las financiaciones a familias trepó al 12,8% en junio, muy por encima del 7,6% que exhibe el total del crédito al sector privado. El nuevo mecanismo apunta directamente a ese problema.
Cómo funciona
El esquema es interoperable: la cuenta desde la que se cobra la cuota no tiene por qué pertenecer al banco o la fintech que otorgó el préstamo. Puede tratarse de una caja de ahorro, una cuenta corriente o una cuenta de pago de una billetera virtual, siempre que el cliente la haya vinculado y autorizado previamente al tomar el crédito.
El proceso, en la práctica, queda así:
- El cliente pide un préstamo y autoriza expresamente el uso del CCT sobre una cuenta determinada.
- Al vencer cada cuota, el acreedor puede debitar el monto de esa cuenta, sea cual sea la entidad que la administra.
- Si no hay fondos en el primer intento, el sistema prevé dos reintentos, a las 48 y a las 96 horas.
- El cliente recibe una notificación 24 horas antes de cada débito y puede dar de baja la autorización en cualquier momento, tanto ante el prestamista como ante la entidad donde está la cuenta.
Los límites que fijó el BCRA
La normativa no habilita un acceso libre a las cuentas de los clientes. Entre las condiciones más relevantes:
- Solo pueden usar el instrumento entidades financieras y proveedores no financieros de crédito habilitados por el BCRA.
- La cuota no puede superar el 30% del ingreso del cliente, para evitar sobreendeudamiento.
- Las cuotas deben ser fijas e iguales durante toda la vigencia del crédito.
- El sistema alcanza únicamente a préstamos nuevos otorgados bajo esta modalidad: no habilita el cobro automático de deudas ya existentes.
Por qué el impacto inmediato sería limitado
Pese al revuelo que generó el anuncio, fuentes del sector bancario consultadas por distintos medios coinciden en que el alcance real será acotado en el corto plazo. La razón es técnica: el sistema solo permite cobrar desde la cuenta en la que originalmente se depositaron los fondos del crédito, y la mayoría de los bancos no tendría interés en ejecutar débitos sobre cuentas que administran otras entidades.
A eso se suma otro factor: buena parte de las cuentas CVU de las billeteras virtuales no mantiene saldo disponible, porque los usuarios suelen trasladar el dinero a fondos money market para obtener un rendimiento. Eso reduce, al menos por ahora, el universo de cuentas donde el mecanismo podría aplicarse con efectividad.
Lo que cambia para el usuario
El dato central para cualquier persona que tome un crédito de acá en adelante es que la autorización que firme al momento de contratar un préstamo puede alcanzar fondos depositados en una entidad distinta de la que le prestó el dinero. Para quienes operan con varias cuentas o billeteras para administrar sus ingresos, revisar con atención qué autorización se está otorgando pasa a ser un paso clave antes de aceptar cualquier financiación bajo este esquema.